Hola, soy Mònica Moles, y te doy la bienvenida a un nuevo episodio de Caminos de Bienestar.
Un espacio para parar un momento, respirar, y entender mejor qué nos pasa por dentro en medio del ritmo que llevamos.
Hoy quiero hablarte de algo que está muy presente en nuestras vidas… pero que muchas veces no reconocemos como lo que es: estrés.
No me refiero solo al estrés evidente, al que aparece cuando tenemos una fecha límite, un conflicto importante o una situación difícil.
Hoy quiero hablarte del estrés invisible.
Ese que no siempre se nota de forma clara, pero que se va acumulando día tras día, hasta que un día el cuerpo, la mente o las emociones dicen “basta”.
Porque muchas personas me dicen en sesiones o formaciones:
“No estoy tan mal, pero estoy cansada todo el tiempo.”
“No tengo un gran problema, pero siento que no llego.”
“No sé qué me pasa, pero estoy irritable, disperso, sin energía.”
Y muchas veces, detrás de todo eso, hay estrés.
Un estrés moderno, silencioso, sostenido… que hemos normalizado tanto que ya ni lo cuestionamos.
En este episodio quiero ayudarte a ponerle nombre, a entender cómo se manifiesta y, sobre todo, qué puedes hacer para regular tu sistema nervioso de forma sencilla y realista.
¿Qué es el estrés invisible?
Desde la neurociencia sabemos que el estrés no es solo “estar nervioso”.
El estrés es una respuesta del sistema nervioso ante una percepción de amenaza o demanda excesiva.
El problema no es el estrés puntual, ese es adaptativo.
El problema es cuando el cuerpo vive en activación constante, sin espacios reales de recuperación.
Y hoy en día, muchas de las amenazas no son físicas. Son mentales y emocionales:
- Exceso de información
- Multitarea constante
- Falta de pausas reales
- Expectativas altas (propias y externas)
- Sensación de no llegar nunca
- Estar siempre “disponible”
El cerebro no distingue entre un peligro real y uno percibido.
Para él, un email urgente, una notificación constante o una lista interminable de tareas también son señales de alerta.
Y cuando esa alerta se mantiene en el tiempo… aparece el estrés invisible.
Señales cotidianas que solemos ignorar
Voy a contarte algunas señales muy comunes.
Tal vez no te sientas identificado con todas, pero es probable que con alguna sí.
🔹 Saturación mental
Te cuesta concentrarte, saltas de una cosa a otra, tienes la sensación de tener demasiadas pestañas abiertas en la cabeza.
No es falta de capacidad: es exceso de activación.
🔹 Microtensiones corporales
Hombros elevados, mandíbula apretada, ceño fruncido, respiración superficial.
El cuerpo se mantiene en “modo alerta” incluso cuando estás sentado.
🔹 Irritabilidad o reactividad
Respondes más brusco de lo que te gustaría, te molestan cosas pequeñas, tienes menos paciencia.
No es que seas menos empático: estás más cansado a nivel nervioso.
🔹 Dificultad para descansar de verdad
Duermes, pero no descansas.
Paras, pero sigues pensando.
El cuerpo está quieto, pero la mente sigue acelerada.
🔹 Sensación de urgencia constante
Todo parece importante, todo parece para ayer.
Incluso cuando no hay una urgencia real.
Estas señales no suelen hacer saltar alarmas… pero son el lenguaje del cuerpo diciendo: necesito regulación.
¿Qué dice la neurociencia?
Cuando vivimos así, el sistema nervioso simpático —el de la activación— está demasiado tiempo encendido.
Y lo que necesita el cuerpo no es “vacaciones eternas”, sino microespacios de regulación que activen el sistema parasimpático, el de la calma y la recuperación.
La buena noticia es esta:
👉 el sistema nervioso se puede entrenar.
No necesita grandes cambios, sino señales repetidas de seguridad.
Y aquí es donde entran las prácticas sencillas.
Pautas muy concretas para regularte
Voy a compartirte herramientas prácticas, pensadas para la vida real.
🌿 1. Respiración que sí regula
No hace falta hacerlo perfecto.
Prueba esto:
- Inhala por la nariz contando 4
- Exhala por la boca contando 6
La exhalación más larga le dice al cerebro: “no hay peligro”.
Hazlo 2 o 3 veces. Varias veces al día.
🌿 2. Baja la multitarea consciente
No se trata de eliminarla, sino de reducirla.
Cuando puedas, haz una sola cosa durante 5–10 minutos.
El cerebro descansa cuando no tiene que cambiar constantemente de foco.
🌿 3. Microdescargas corporales
Estira los hombros, mueve el cuello, sacude las manos.
El estrés también se libera por el cuerpo, no solo pensando.
🌿 4. Pausas sin estímulo
Un minuto sin móvil, sin pantalla, sin información.
Solo mirar por la ventana o sentir el cuerpo.
Eso regula más de lo que parece.
🌿 5. Lenguaje interno más amable
El “tengo que” constante mantiene al sistema en alerta.
Cambiarlo por “elijo” o “voy a intentar” baja la exigencia interna.
Algo importante que quiero que te lleves
No estás fallando por sentirte así.
No es falta de organización, ni de motivación, ni de fuerza de voluntad.
Es un sistema nervioso que lleva demasiado tiempo en tensión.
Y cuidarlo no es un lujo.
Es una necesidad básica para pensar mejor, relacionarte mejor y vivir con más claridad.
Si al escuchar este episodio has reconocido alguna de estas señales, no te juzgues.
Obsérvate con curiosidad y con respeto.
El bienestar no empieza haciendo más cosas, sino entendiendo mejor qué necesitas.
En Zentrum Coaching acompaño a personas y equipos a identificar este estrés invisible y a integrar herramientas prácticas para regularlo en el día a día, sin fórmulas rígidas ni exigencias imposibles.
Porque vivir con menos estrés no significa vivir sin retos, sino aprender a sostenerlos desde un sistema nervioso más equilibrado.
Gracias por estar aquí, por escucharte y por cuidar de ti, incluso en lo invisible.
Nos encontramos en el próximo episodio de Caminos de Bienestar. 🌿
