Una práctica cuyos orígenes se remontan a finales del siglo VII a.C. con la aparición del Budismo y que con el transcurso de los últimos siglos, se ha aplicado en distintas terapias para solucionar problemas de salud mental como el estrés, la ansiedad, el insomnio o la tolerancia al dolor.


Tan sencillo y tan complejo a la vez. Estar presente, permanecer en el “aquí y ahora”, consciente de lo que sucede en este preciso instante; en un mundo que va deprisa, cambiante y lleno de estímulos que no dejan de distraerte.


Y es que esta práctica milenaria te ayuda ganar concentración, volverte más productivo, gestionar tus emociones como palancas de cambio para tu desarrollo personal y favorece las relaciones contigo y los demás.


Es el mindfulness, también conocido como atención plena.


Mejora tu memoria, favorece la creatividad, protege tu cerebro y acabas con los problemas de insomnio, estrés y ansiedad.

Utiliza la respiración como un ancla

La respiración sucede de forma natural, respiras sin darte cuenta, sin ningún esfuerzo.


Observa qué sucede cuando tu atención sólo está enfocada en tu respiración, en el aire que entra y sale. Una y otra vez. Dentro y fuera. Dentro y fuera.


Puedes notar cómo se relaja tu cuerpo cuando respiras consciente, una y otra vez, dentro y fuera. ¿Te has dado cuenta?


Sólo respira, tu atención concentrada en tu respiración por unos pocos minutos.


Cualquier pensamiento que tu mente te proponga, déjalo pasar y mantén tu atención sólo en tu respiración.

La respiración te enseña firmeza

Cuando te entrenas para prestar atención concentrada en tu respiración, volviendo a ella cada vez que tu mente trata de distraerse de nuevo con pensamientos del pasado, del futuro, cultivas una resiliencia.


De esta manera aprender a permanecer presente cuando surgen dificultades y darte el espacio que necesitas para dejar de reaccionar impulsivamente.


Aprendes a volverte observador de lo que sucede, sin aferrarte a nada. Ganas objetividad y perspectiva para actuar consciente y firme como una montaña.

La respiración ocurre en tu cuerpo

Cuando pones atención a tu respiración aprendes a escuchar lo que tu cuerpo te dice, las sensaciones físicas del movimiento que la acompañan.


Aprendes a vivir despierto. Tu mente y tu cuerpo están en el mismo lugar, sincronizas, conectas contigo.

Consigues calma, serenidad, confianza en ti.

Aumenta tu fortaleza y poder interior.

Como dice Jon Kabat-Zinn:

“Si estás respirando, hay más cosas buenas que malas”.

La respiración es un entrenamiento para fluir con la vida


Puedes tratar de respirar deprisa o superficialmente, pero verás que sólo poco tiempo, al final la respiración vuelve a su ritmo natural.


Con la práctica del mindfulnes aprendes seguir el sintonizar con el ritmo de tu propia respiración, moviéndote suavemente con ella, mientras dejas espacio a que entre en su propia profundidad, cadencia y fluidez.

Un buen aprendizaje para tu vida, aprendes a fluir en cada momento con lo que hay.


Es como si te convirtieras en una caña de bambú. Te vuelves robusto y fuerte pero a la vez flexible y resistente.

La respiración te invita a descansar y recuperarte


La quietud del mindfulness, el sosiego y calma interior que hacen que tu cuerpo se relaje, tu mente se aquiete y descanses en el movimiento de tu respiración; permiten que vuelvas de nuevo a la actividad desde otro lugar.
Regresas con energía, serenidad, perspectiva y paz interior.

Pruébalo, yo estoy aquí para acompañarte en lo que necesites.

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Coach, Economista, docente en PNL, instructora de mindfulness y meditación, copywriter

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